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miércoles, 17 de diciembre de 2014

Vamos a jugar

Ilustración de Javier Zabala (http://www.javierzabala.com)











Instrucciones:
  • Copia el cuento en un documento en blanco en el procesador de textos.
  • Sustituye los sustantivos por otros de acuerdo con la instrucciones del profesor.
  
El duende y el campesino astuto

Hace muchos años vivía en Rusia un inteligente y vivaracho campesino. Un día, al acabar de labrar sus tierras divisó en medio de ellas lo que parecía ser un montón de carbones ardientes y, al acercarse lleno de sorpresa, se encontró sobre las ascuas* a un duende negro.

– ¡Así que estás sentado sobre tu tesoro! –dijo el campesino.

– ¡Sí, señor! –respondió el duende–; sobre un tesoro con más oro y plata del que hayas visto en tu vida.

– El tesoro se encuentra en mis tierras y me pertenece –dijo el campesino.

– Será tuyo –respondió el duende– si durante dos años me das la mitad de lo que produzcan tus campos. Dinero tengo suficiente, pero quiero los frutos de la tierra.

El campesino aceptó el trato, pero añadió:

– Para que no discutamos sobre el reparto –dijo–, a ti te tocará lo que esté sobre la tierra y a mí lo que esté debajo.

Al duende le pareció bien el acuerdo, pero el avispado campesino había sembrado zanahorias. Cuando llegó el tiempo de la cosecha, se presentó el duende y quiso recoger sus frutos; pero no encontró más que hojas marchitas y amarillentas; y el campesino, con gran satisfacción, sacaba de la tierra sus zanahorias.

– Esta vez has salido ganando –dijo el duende–, pero la próxima no ha de ser así. Tuyo será lo que crezca sobre la tierra, y mío lo que esté debajo.

– Estoy conforme –respondió el campesino.

Pero, cuando llegó el tiempo de la siembra, el campesino no sembró zanahorias, sino maíz. Cuando los granos maduraron, el campesino fue a sus tierras y cortó las repletas mazorcas de maíz. Cuando vino el duende, no encontró más que los rastrojos y, lleno de ira, se hundió en los infiernos.

– Así es como hay que tratar a los pícaros –dijo el campesino, y se fue a recoger su tesoro.

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